Archivo para la categoría "Microhistorias"

Nanorrelatos   Leave a comment

Nota para recordar: “no necesito fotos para olvidarla”

Reconocimiento: Tenía un rostro tal, que el tiempo nunca arruinaría

Consejo: Camina sólo para moverte

Palabras: La incoherencia me produce desconfianza, sobre todo la mía

Claridad:

¿Me amas?

-Lo siento, pero no.

      -¡Menos mal!

Publicado 11/11/2015 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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Reencarnación   Leave a comment

Hemos estado juntos en todas nuestras vidas, pero nunca hemos llegado a conocer verdaderamente al otro.
Una vez rozábamos nuestras almas, nos dabamos cuenta de que no era una casualidad el encontrarnos. Que algo por encima de nosotros nos guiaba hacia el otro.
Ahora, quién sabe porqué, recuerdo cada una de estas vidas, y, aunque no es la Norma, no me importa la razón.
No sé cómo voy a explicártelo cuando te vea hoy de nuevo.
Creerás que estoy loco, que me he inventado ensoñaciones de enamorado para fingir que debemos estar juntos pese a todo, que no decidimos, pues ya está todo dicho.

Lo pensaste, y me miraste con la misma extrañeza de otras vidas, y te alejaste, y te dejé marchar. Pero sonreí, porque esta era sólo una más de esas ocasiones en que el tiempo nos es esquivo.

Publicado 08/07/2015 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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Refugio para un día   Leave a comment

El alcohol se derramaba por mi mejilla y no me daba ni cuenta. Borracho y sonriente me encontraba abrazado a un árbol.
Un pájaro desde una rama me miraba y me habló:
-¿Se encuentra bien? Veo que está un poco bebido. Si quiere puede dormir la mona en mi nidito. Está aquí mismo, muy cerca, sobre esta rama.
Así que me encaramé a ella y me metí en el nido. Di las gracias al pajarillo y dormí placidamente.
Al día siguiente, me encontré en la calle solo, orinado, sin mi cartera y acurrucado entre embalajes y cartones.

Publicado 08/07/2015 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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La puntilla   Leave a comment

Amartillaba Don Cosme la alcayata como si la odiara, y, total, para colocar un cuadro que ni siquiera le gustaba, regalado por alguien que nunca le había caído bien, en una de esas efemérides en la que no queria recibir regalos.
Y se golpeó el dedo, produciéndole uno de esos dolores característicos, como el del viudo, que le hace a uno ir del paroxismo más doloroso, al inmediato placer por su cese… Y tanto dolía, que hasta llegó a temblarle uno de sus párpados, mientras apretaba la comisura de la boca, e, incluso, mordiéndose por un instante el labio; y finalmente acabó por rezar en silencio para que todo terminase cuanto antes.
Miró el cuadro y miró su dedo:
“Y todo por no decir lo que pienso”, pensó. 

Publicado 08/07/2015 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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Última esperanza   Leave a comment

Me he convertido en el único testigo de su dolor.
Mientras estoy junto a él, no puedo dejar de llorar ni un momento.
Su corazón no le sostendrá una noche más, y con su mano en mi mano, siento cómo se le va la vida.
La aprieto con fuerza y me esfuerzo por dejarle algo de mí. No puedo soportar que muera, que deje la vida que tanto ama.
Me concentro, y mi alma se parte en dos, derramándose sobre él. Y de pronto noto como fluye.
Su piel recupera la frescura de otros tiempos, y sus ojos se abren, su boca balbucéa y me llama, pero cae rendido por mi esfuerzo.

Publicado 03/07/2015 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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Espiración   Leave a comment

La inspiración tomó entre sus manos el rostro del escritor y dulcemente lo besó.
Luego, cogió sus brazos y colocó sus manos sobre el papel. Susurró en su oído paisajes y momentos, bravos deseos y terciadas voluntades, y le abrazó.
Cuando la postura era la correcta, recogió el lapicero y lo dejó caer entre sus dedos, esperando.
-Una vez más –le dijo-, escúchame. Dame tu corazón. Olvida quién eres y dónde estás. Sabes que soy la única que puede entenderte, la única que puede expresar lo que realmente eres, todo lo que anhelas mostrar.
Y continuó…
-Vuelve a someterte a mí, pues nunca había encontrado un corazón como el tuyo, afinado, como el más preciado de los instrumentos, a la adecuada sensibilidad para poder sentirme. Eres mi aliento diario, mi existencia, mi única razón…, escribirás para mí; así que te inspiraré, me inspirarás, y nunca te dejaré marchar.

Publicado 10/01/2013 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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La buena razón   Leave a comment

No había olvidado decírselo, ni siquiera cuando empezaba con los empujones, y con los golpes del revés.

            La rutina era la misma: gritos, niño bajo la cama, ella que se le enfrenta con retos y provocaciones, paliza y baño con su hijo para lavar las heridas, agua oxigenada y mercurocromo a granel.

            Siempre fue una buena razón, acababa cansado de pegarle a ella y no tenía fuerzas para seguir con él.

Publicado 10/09/2011 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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