Refugio para un día   Leave a comment

El alcohol se derramaba por mi mejilla y no me daba ni cuenta. Borracho y sonriente me encontraba abrazado a un árbol.
Un pájaro desde una rama me miraba y me habló:
-¿Se encuentra bien? Veo que está un poco bebido. Si quiere puede dormir la mona en mi nidito. Está aquí mismo, muy cerca, sobre esta rama.
Así que me encaramé a ella y me metí en el nido. Di las gracias al pajarillo y dormí placidamente.
Al día siguiente, me encontré en la calle solo, orinado, sin mi cartera y acurrucado entre embalajes y cartones.

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Publicado 08/07/2015 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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