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La señora García miraba, y también hablaba
La señorita García hablaba, y también miraba.
La señorita García, deseando intervenir, suele agitarse antes de empezar, y se apunta todo lo que va a decir. Inquieta y emocionada, empieza su discurso, altisonante, a veces pomposo, pero siempre original.
Por turnos les preguntan y les proponen, y todos al unísono piensan el qué dirán.
Y la señora García tiene de nuevo esa expresión contenida, censurosa y censurada; mira a la señorita García, venerando su naturalidad, y en seguida se deja llevar hasta el menosprecio, porque le hace revivir lo que ya se había ido, a envidiar lo que ya se ha vivido, eso que se le escapó y que ha deseado muchas veces. Ha pensado en dejar de asistir a la reunión, y no puede evitar no hacerlo.
Luego, como siempre, cuando la señorita García ha terminado, se infla de desprecio y baja la mirada, respira hondo y vuelve a mirarlos a todos con una amplia sonrisa, hablando del orgullo que siente por su hija.

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Publicado 08/07/2015 por Amador Redondo Menudo en Relatos

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