La conversación   2 comments

“Me pregunto si sueña con ella”, pienso mientras escribo.

La muerte de alguien, quien sea, es una pérdida para sí mismo y para los que le rodean. De algún modo, algo se va, y especialmente, algo se queda. Y es en esa permanencia donde mejor y peor nos encontramos, recordando instantes que nos producen tristeza y llanto, amargura y angustia.
Se siente como si el alma, aprisionada por el sufrimiento, hiciera que el espíritu derramase las lágrimas de nuestro rostro. Y, a pesar de ello, ¡qué cálido consuelo!

Siento nostalgia, aunque no de palabras, ni pensamientos, ni siquiera de gestos, sino de emociones, de miradas fijas y atentas a todo cuanto yo hacía, a la inquietud de la sorpresa diaria, al movimiento aleatorio y sorpresivo, al infundado ruido, al quiebro de una puerta, al canto lejano de algún ave, a todo cuanto a su alrededor había.
Y sobre todo, aquel fenómeno en el que casi nunca reparamos, aquella circunstancia que apenas consideramos: su silencio. El silencio de su ausencia, la falta de sonidos, que sólo ella entendía.
Mi amigo lo siente igual, estoy seguro, y la busca a cada momento. Busca su presencia, sus ruidos, su olor y, quizá, también su mirada.
A nuestro modo hablamos de ella, cuando lo abrazo y la buscamos juntos, sin que él se dé cuenta, o cuando paseamos por la casa, mirando donde ella dormía, observando desde donde ella nos observaba. Y estoy más pendiente de él ahora, como no podía ser de otra manera, de sus gestos y atenciones a todos los sitios donde paraba su amiga. Come lo suficiente, pero no con ganas, bebe mucho, eso sí, quizá algo se le secó por dentro.
Mi amigo descansa ahora. Duerme una de sus muchas siestas del día, y apenas se mueve salvo para algún lamido oportuno. No dejo de mirarle, y a la vez, me miro a mí mismo, echando de menos a nuestra amiga.

Abril 2015

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Publicado 25/04/2015 por Amador Redondo Menudo en Relatos

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2 Respuestas a “La conversación

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  1. Sé lo que sientes porque lo he sentido muchas veces, demasiadas. Es un vacío que nunca se llena aunque el tiempo pretenda engañarnos. A veces solo queda el consuelo de saber que el tiempo que nos acompañaron, han sido felices. Has hecho que se me escaparan las lágrimas. Mil besos para ti y su amigo

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  2. Totalmente acertado tú relato, es un vacío que solo puede ser llenado, en parte, con su recuerdo, porque mientras la recordemos ella quedará viva. Un abrazo muy fuerte.

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