Espiración   Leave a comment

La inspiración tomó entre sus manos el rostro del escritor y dulcemente lo besó.
Luego, cogió sus brazos y colocó sus manos sobre el papel. Susurró en su oído paisajes y momentos, bravos deseos y terciadas voluntades, y le abrazó.
Cuando la postura era la correcta, recogió el lapicero y lo dejó caer entre sus dedos, esperando.
-Una vez más –le dijo-, escúchame. Dame tu corazón. Olvida quién eres y dónde estás. Sabes que soy la única que puede entenderte, la única que puede expresar lo que realmente eres, todo lo que anhelas mostrar.
Y continuó…
-Vuelve a someterte a mí, pues nunca había encontrado un corazón como el tuyo, afinado, como el más preciado de los instrumentos, a la adecuada sensibilidad para poder sentirme. Eres mi aliento diario, mi existencia, mi única razón…, escribirás para mí; así que te inspiraré, me inspirarás, y nunca te dejaré marchar.
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Publicado 10/01/2013 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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