La rosa   Leave a comment

-Tómame en tu mano, entierra mis raíces, aliméntame y susúrrame lo preciosa que soy –dijo la rosa al jardinero.
Y así lo hizo. Mas, con el tiempo, aquélla se marchitó y el jardinero la arrancó sin más.
Seca y exánime la rosa pensó:
“¿Donde están tus manos a las que acaricié con mis pétalos?”.
“¿Quizá confundí tu cuidado con cariño, tu atención con devoción, tus deberes con una promesa?”
Creía que me amabas.

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Publicado 03/09/2010 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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