Esperamos   Leave a comment

No todos lo consiguen.
Quedan en el suspenso de la más aciaga espera, recordando cómo lo deseaban, cómo se imaginaban que sería, y cómo su búsqueda los hacía más fuertes y nobles; pero al final, pensemos lo que pensemos, no lo conseguían.
Y cuando eso pasa, la mirada se convierte en el alma apagada de la que brota, el corazón se aploma y envejece en los sueños cada noche, y el espíritu se agrieta por mil culpas que ensombrecen la ilusión que antes nos brillaba dentro.
Leemos, hablamos y sentimos, pero ya nada es cómo era cuando vivíamos la espera.

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Publicado 16/07/2010 por Amador Redondo Menudo en Relatos

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