Subjetividad   Leave a comment

-¿Te has dado cuenta cómo está? -me dijo mi mujer al oído.
-Supongo que verla después del divorcio no le ha hecho ningún bien –le contesté.
Nuestro divorciado favorito tenía en su rostro, todas las caras del clásico abandonado: el rebelde, que se opone de plano a ser al-que-han-dejado; el niño, que suplica un poquito de más cariño; el comprensivo, que entiende que su matrimonio no podía seguir así; y el finjido ignorante, que intenta aparentar, que no se ha dado cuenta de que ella está allí.
Bebimos de nuestras copas y suspiramos.
“A nosotros nunca nos pasará eso”, pensamos a la vez.
Y nos sonríamos lo mejor que pudimos…

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Publicado 31/05/2010 por Amador Redondo Menudo en Microhistorias

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