De orgullo y de prejuicio   Leave a comment

Inspirado en Orgullo y Prejuicio

“Prejuicio”

A menudo, el sopor de una tarde en primavera, deja caer sobre mí el recuerdo de un muchacho mujeriego, un pillo exaltado, y un bárbaro inocente. Otras, la idea del imberbe ignorante que fui y del apaciguador de mis propias pretensiones que ya no está.
He aprendido a respetar la indulgencia de las personas, y a censurar su generosidad, porque la mayoría es tan indolente y condescendiente, como el más hipócrita de los hipócritas.
No veo lo que dicen que todos pueden ver. Y me hastían las divagaciones del que dice cualquier cosa, porque no tiene nada que decir.
Recuerdo, las malquerencias y los reproches a todo y a todos, y no puedo soportarlo más.

. . . . . .
“Orgullo”

Las obligaciones sociales, sustitutas de nuestro libre albedrío, nos han hecho actuar en un teatro social, repleto de buenas maneras y costumbres, que son un traje correcto para salir a la sociedad, el cual debe estar limpio, estar a la moda, que no es más que lo-que-se-espera-de-nosotros.
Una inconveniencia social no es más que un roto en ese traje, una raya torcida, un desgarro en el paño, que hace que luzcamos menos frente a los demás.
A veces, me da miedo pensar que importen más esas ropas que la persona que las lleva.

. . . . . .

“Amor”

Al fin nos lo hemos dicho todo, y descanso mi rostro en su pecho, mientras me acaricia, mientras siento su respiración agitada, que agita la mía.
Y miro sus ojos… Ineludible es enamorarse de ellos, en los cuales perderse sería un paraíso en vida. Un sencillo goce, la mayor y más dulce armonía. Mirarla es retirar la amargura, corresponder con la más noble realidad, adecuar la fuente a su agua, alegrar la más aciaga rutina, y ver lo que todos querrían ver.
Y me susurra… ¡Qué voz más preciosa! De tono calmado, resuelve con una palabra la desesperanza. Débiles sonidos que se transforman en un rugido silencioso de suaves notas al azar.
Y siento dentro de mí su presencia… como un deleite silabeado en breves roces, sostenido en suaves y delicados besos, extremado en simples maneras. Todo entregado sin esperar recompensas, sin vuelta atrás, sin retiradas, sólo con la claridad de saber a quién deseas amar.

(*) La imagen empleada en esta entrada es de la película “Orgullo y Prejuicio” de 2005, dirigida por Joe Wright, y protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen.

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Publicado 31/05/2010 por Amador Redondo Menudo en Relatos

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